El frío comienza a envolvernos, llegan los días de paragüas, la bufandita de lana, los guantes, el abrigo, las botas...
Los días son más cortos, pero se hacen eternos debido a la temprana ida del sol, más oscuros, la soledad de las calles, la furia del tiempo que provoca la estampa de las gotas de lluvia en las ventanas... todo ello hace que esta estación sea diferente.
En ocasiones, me gusta asomarme y observar cómo se desliza el agua por la calle principal, el movimiento del parabrisas en los coches, el vao en los cristales de los autobuses... pero me acompaña un sentimiento de tristeza, de vacío, característico de esta estación.
Me encanta salir a pasear cuando está anocheciendo, con mi familia, junto con ese agua vulgarmente conocido, como "moja bobos" o "chirrimiri", que a ellos tanto les gusta y que yo tanto detesto, debido al encrespamiento de mi pelo... en esos momentos el paragüas no te ayuda, y sí, te sientes en un momento de relajación, respirando aire puro, freso, pero el pelo no siente lo mismo... :)
Cuando llueve sin cesar, es, en algunos momentos, agotador, pero le buscas el lado positivo, es necesario y muy importante en nuestras vidas. La sequía es uno de los temas más graves que se ha dado, y se está dando en la actualidad, por ello cuando llueve y lo recuerdas, no quieres dejar de oir el sonido del agua.


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